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sábado, 4 de abril de 2009

HAY QUE PERDER EL MIEDO

                                                                                                                                          

                                                                                                                                                                                                                                                    
   Si, hay que perder el miedo a denunciar en el caso de ser víctima de violencia sobre la mujer. En todo caso es indispensable no seguir conviviendo con el maltratador y no soportar esta situación de violencia, entre otras consideraciones prácticas o morales, para preservar la formación integral de los hijos.
    En el ejercicio profesional, he conocido a varias mujeres que han estado sufriendo esta situación durante años, pensando equivocadamente, que así beneficiaban a sus hijos al no obligarlos a criarse en una familia monorarental.  Pensaban que al mantener  una situación de aparente "normalidad", no privaban a sus hijos de la presencia de su padre (sin considerar que  pudiera ser una mala influencia) y le  daban a éste la oportunidad de "cambiar" que después de cada agresión les prometía.
   Desgraciadamente, el maltratador sin ayuda profesional no se corrige, y como nunca reconoce su problema, tampoco admite ayuda en ese sentido. Lo clásico es que esté convencido y convenza a su víctima de que se lo merece. Que ella consigue sacar lo peor que hay en él, pero que no volverá a pasar. La víctima sabe que se lo ha prometido muchas veces, pero sigue esperando,  y  se encuentra  con un hijo adolescente que, un mal día, comienza a imitar la conducta del progenitor violento, poniéndola en práctica con la persona que tienen más a mano, y que   normalmente coincide  con la víctima de su padre.  Como consecuencia, llegan a situaciones límite, en  las que  no sólo deben  separase del maltratador, sino también  del hijo/a  que  ha  imitado el modelo parental,
si consiguen encontrar la  fuerza y el apoyo necesario.  
   Los niños aprenden por imitación la forma de comportarse con sus semejantes y todo lo referente a su vida cotidiana. Sus modelos son siempre las personas más cercanas a ellos, normalmente los padres. Por tanto son ellos los que les transmiten los valores necesarios para su formación integral como persona. Si la conducta de los padres  les transmite valores positivos y es coherente, en circunstancias normales los hijos asimilaran las cualidades de sus progenitores. Lo mismo ocurre en el caso de que el modelo sea inadecuado o violento, lo más seguro es que en un futuro desarrollen una conducta inadecuada o violenta, porque es el modelo que han interiorizado.
   La víctima con su actitud pasiva, contribuye a que los hijos asimilen un modelo erróneo de conducta, al omitir el respeto que se debe a si misma y a sus hijos; al olvidar su dignidad como persona; al  no demostrarles, alejando al maltratador de su lado, que su conducta es moral y penalmente reprochable y por tanto es un modelo inidóneo que no se debe observar.
   Flaco favor les hacen estos padres a sus hijos, que si no hubieran tenido la posibilidad de  vivir en directo la agresividad de uno de sus progenitores y la pasividad del otro, no hubieran interiorizado un modelo de conducta que va a condicionar en el futuro, como mínimo, sus relaciones de pareja.

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