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miércoles, 12 de octubre de 2011

MI NIÑA CLAUDIA

   
Es la segunda de mis nietos en ver la luz. Me es imposible explicar la ternura y el gozo que me proporciona contemplar su linda carita. me quedo extasiada mirándola y ella a veces me dice   ¿Qué pasa yaya?, y yo le respondo: -eres tan bonita que no puedo dejar de mirarte-, ahora ya no me pregunta, lo sabe y lo asume.
      Tuve el privilegio de verla nacer, y en cuanto pude contemplar su carita, ya sentí esa inexplicable sensación de amor a primera vista, el día anterior no la conocía y ahora ya no podía pensar otra cosa que estar con ella, quererla, mimarla y protegerla. Ver su carita al minuto de nacer, me produjo una tremenda impresión, creí retroceder treinta años y que aquel ser diminuto que pusieron en mis brazos era mi propia hija, su madre. Ya en aquel momento, se podía apreciar el gran parecido que tiene con su madre.
      A mí me debe su grupo sanguíneo, B negativo, somos las dos únicas de una extensa familia que pertenecemos a ese grupo, que además no es muy común. Esta circunstancia me llena de orgullo, hace patente que una parte de mi pervive en ella.
      Esta niña, como el resto de mis nietos, es mi alegría; estrecharla entre mis brazos, besarla, contarle lo mucho que la quiero y escuchar cuanto me quiere ella. Es bonita, dulce, mimosa, juguetona. Cuando era pequeñita, volví a descubrir nuestro idioma con ella. Cada palabra nueva que aprendía, era todo un invento, tergiversaba las silabas de forma tan deliciosa, que pronto pasamos a llamar "folono" al teléfono y otras cosas por el estilo.
     Con ella puedo dejar volar mi imaginación para inventar juegos; volver a ser niña otra vez para mirar por sus ojos, para comprender sus anhelos, sus inquietudes... He aprendido a vivir la vida en rosa, porque es el color favorito de mi Claudia, aunque ahora desde sus ocho años, me dice: " yaya... ya no me gusta tanto el rosa". Ahora le gusta el fucsia y el malva, debe de ser que está madurando.    
     Cuando está conmigo, nos lo pasamos muy bien, yo le propongo todos  los juegos que se me ocurren, y ella siempre está dispuesta a jugar. Cuando era más pequeña, yo le cantaba canciones antiguas que mi madre me cantaba a mi, y algunas me las hacía repetir cientos de veces, luego me decía "no he conocido otra yaya que sepa canciones tan bonitas como tu", y yo, me sentía colmada por hacerla feliz.
     Su canción preferida era "La paloma", "no se va a paloma no...".Al principio me preguntaba el porqué de todo: porqué decimos que no se va, porqué sabemos que va a volver, porqué no quiere dejar a los pichones a medio criar, que donde está su papá.... La parte del gavilán le costo superarla, a veces le daba un poco de miedo pensar en un gavilán en la noche, otras veces le preocupaba pensar que el gavilán viniera de día y sorprendiera a la paloma, ¿y, si iba al nido y se llevaba los pichones?.
     Esta canción y otras muchas, nos ha dado mucho juego, le encantaba, y a veces a punto de dormirse, me decía "yaya cántame la paloma", y yo me sentía la abuela más feliz del mundo por poderla complacer.
     Esta situación se repite si le recito alguna de las pocas poesías que tengo memorizadas, me las pide cientos de veces, y tenemos perfectamente analizados al cruel caballero y al apesadumbrado jardinero, e incluso a la pobrecita rosa que  se ha marchitado, de "La rosa del jardinero" de los Hnos. Alvarez Quintero, luego me dice, "...no conozco otra yaya que sepa poesías tan bonitas como tú". Y es que le gustan mucho los cuentos, y todo lo convierte en una historia.,
     Desde pequeñita su preferido ha sido, al igual que su primo Miguel, el de "Los tres cerditos. Se lo he contado tantas, y tantas veces, que lo hemos tenido que ir variando. A petición suya unas veces han sido los cerditos moteros, otras los cerditos surfistas, a veces los cerditos luchaban contra los piratas del Caribe, en ocasiones buscaban tesoros ocultos, pero siempre se identifica con uno de los personajes, de más pequeña ella era el cerdito mediano, porque eran tres primos, desde que el cuarto primo se añadió a la saga, ella me decía: Oye yaya, hay dos cerditos mayores, vale....y por supuesto ella era uno de ellos.  Hemos tenido diferentes épocas, Cenicienta y sus malvadas hermanas la han fascinado mucho tiempo, pero nunca se ha metido en su piel como con los tres cerditos.
      También le encanta pintar, pero eso si, tenemos que pintar las dos, si no,  no vale. Yo que dibujo fatal, tengo que dibujar el tema que ella escoge y luego ella lo copia, siempre se queja, " jo, yaya a mi no me sale tan bien como a ti" , aunque os puedo asegurar, que cualquier dibujo suyo tiene mucha más gracia que el mejor que pueda hacer yo. El día que más disfruta, es cuando saco las acuarelas, los pinceles y el tarro con agua. Con esas herramientas ya va por libre, mezcla colores, cuanto más mejor, y si puede mezclarlos todos directamente en un bote, yo creo que aún se lo pasa mejor.
      Otros días nos dedicamos a cocinar, me pide  botes de  especias, que suelo comprar y luego no uso, y le doy las que están caducadas; también me pide pan rallado, sal, azúcar  agua...y  a partir de ahí, hace un cóctel imposible, pero se lo pasa muy bien sentada en la mesa de la cocina, mientras su abuela le prepara la comida.
     Hemos disfrutado mucho también  jugando a panaderas, yo le preparaba una bola grande de masa de pan y ella subida en un  taburete, amasaba en la encimera todo tipo de panecitos, churros, tortas y figuras de todo tipo. Es verdad que quedaban tan manoseadas que luego aunque las cociera, nadie se atrevía a comérselas, pero luego le podía enseñar a mamá y al resto de la familia, su obra de arte.      
     Actualmente como ya es mayor, ocho años, me ayuda a hacer galletas. Preparo los ingredientes y ella los pesa o mide y los mezcla, luego las cortamos con nuestros cortapastas preferidos, las horneamos y las decoramos. Os puedo asegurar que tiene mucha imaginación y le quedan muy graciosas. Además están muy buenas y éstas si que son comestibles.
     El día del Pilar, cuando contaba dos meses de edad, ya estrenó su primer traje de baturra, conforme va creciendo, cada año le hago un nuevo traje que luce con gracia y donaire, espero que al igual que su madre, siempre siga esa tradición aragonesa.
     Son muchas las cosas que hemos hecho juntas y muchas más las que espero podamos hacer, pero mi mayor deseo es no defraudarla nunca, y merecer que siempre pueda decirme "no conozco a otra yaya......como tú".

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