Javi, es el tercero de mis nietos y el segundo hijo de sus padres.
Es un niño con carácter, pero al mismo tiempo tierno y dulce como un osito de peluche. Cuando era más pequeño, se acoplaba de tal forma entre mis brazos, se sentía y me hacía sentir tan feliz, que el tiempo pasaba sin sentir entre juegos, mimos y caricias.
La foto de abajo, es cuando era muy pequeño todavía, pero la contemplo a menudo, porque al verla vuelvo a sentir aquel abrazo.
Ahora, que ya es mayor, en septiembre cumplió doce años, ya no se acurruca tan fácilmente entre mis brazos, pero no pierde la ocasión para abrazarme, besarme y tumbarse en el sofá al tiempo que apoya su cabeza en mi regazo (igual que hizo su padre durante años), coge mi mano y la llevar a su cabeza con el fin de que le meta los dedos entre el cabello, se lo revuelva, le rasque y luego haga lo mismo en su espada, podríamos pasar así horas.
Es un niño alto, espigado, todo músculo porque hace mucho deporte y, guapo a rabiar; pero además de guapo, es atractivo, tiene una carita que enamora, es muy simpático y tiene un gran sentido del humor.Juega al futbol desde muy pequeñín, entrena dos tardes por semana y los sábados partido de competición, Es muy buen futbolista, tiene mucho nervio, es muy ágil, alcanza mucha velocidad y no da un balón por perdido, por lo que mete muchos goles. En las crónicas de los diarios deportivos, es raro el fin de semana, que no resalten el juego espectacular de mi niño, o describan el gol que ha contribuido o proporcionado la victoria a su equipo. En la pasada liga, tuvo el honor de ser seleccionado por la Federación Aragonesa para representar a Aragón en Murcia y, aunque no se pudo traer ningún trofeo para Aragón, lo importante fue participar.
Aunque dedica tiempo al deporte, es muy buen estudiante y saca muy buenas notas en sus estudios, todavía le queda tiempo para jugar con su hermano, quien como sabemos, a menudo está absorto en la lectura y no le hace demasiado caso, pero Javi, que es muy juguetón, sabe como provocarle para acabar enzarzados en un pelea, en la que en vez de llegar la sangre al río, acaban jugando amigablemente los dos hermanos.
Tiene mucha facilidad para aprender, hace varios años, le enseñé las nociones básicas del ajedrez (tampoco se mucho más), y enseguida dejé de ser rival para él, todo lo que hace, lo hace bien y con entusiasmo.
A pesar de que su hermano sólo le lleva año y medio, Javi siente un gran respecto por él y le echa mucho en falta cuando no están juntos. Es muy cariñoso con toda la familia, pero a mí con frecuencia me emociona con sus muestras de cariño.
Siempre que está conmigo, me repite: "Yaya, te quiero mucho", esa expresión suena a música en mis oídos; también me dice con frecuencia, aproximando su naricita a mi cuello, que le gusta como huelo, que me reconocería por el olor aunque no me viera (hubiera puesto aroma que queda mejor, pero es lo que me dice Javi).
El domingo pasado, con ocasión de estrenar coche, me invitaron sus padres a ir con ellos al Monasterio de Piedra, y caminando junto a él, que me brindaba su apoyo y su sonrisa en todo momento, me volvió a decir: !!Yaya, que bien hueles!!, yo le contesté -no sé como lo notas, con lo bien que huele aquí a los pinos y el tomillo-. entonces el muy zalamero me contestó: "Me gusta más tu olor que el de los pinos". Vamos que cuando sea mayor se va a llevar a las chicas de calle, si no se las lleva ya, claro.

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